¿REALMENTE LA POSTURA IMPORTA?

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Todos tenemos una imagen mental muy concreta de “la buena postura”: una posición corporal estática, perfectamente alineada y supuestamente capaz de prevenir lesiones y dolor. Bajo esta idea hemos diseñado sillas ergonómicas, cojines lumbares, reposapiés y todo tipo de accesorios orientados a mantener una colocación corporal “correcta” durante horas.

Pero ¿realmente funciona así? ¿Existe una única postura correcta? ¿La postura es algo estático? ¿Mantener una determinada colocación corporal evita por sí sola el dolor?

Desde la fisioterapia integrativa, la respuesta requiere matices.

 

La postura no es una foto fija

 

La RAE define postura como el “modo en que está puesto alguien o una parte de su cuerpo”, pero también como la “actitud que alguien adopta frente a un asunto”. Ambas definiciones son especialmente interesantes porque integran dos dimensiones inseparables: la física y la emocional.

La postura no es únicamente una alineación mecánica de huesos y músculos. Es también la expresión visible de cómo nuestro sistema nervioso organiza el cuerpo para relacionarse con el entorno.

Desde esta perspectiva, la postura representa la base desde la que organizamos el movimiento y, en última instancia, nuestra interacción con el mundo.

El equilibrio postural: economía y confort

 

En el plano físico, la postura hace referencia a la alineación del sistema musculoesquelético —huesos, músculos, articulaciones y tejido conectivo— que nos permite sostenernos y movernos contra la gravedad.

Para que este sistema funcione de manera eficiente, el organismo busca cumplir dos principios fundamentales:

  • Economía: las funciones vitales básicas —respiración, circulación, digestión y movimiento— deben realizarse con el menor gasto energético posible.
  • Confort: el sistema nervioso desarrolla estrategias de adaptación y compensación para minimizar la amenaza, la molestia o el dolor.

Por ello, la llamada “postura ideal” no es aquella que parece más recta o rígida, sino la que permite un equilibrio cómodo, eficiente y adaptable.

La postura es dinámica: el concepto de homeostasis

 

Cuando los profesionales sanitarios hablamos de equilibrio, utilizamos el término homeostasis. La homeostasis no es una condición fija, sino un proceso dinámico de adaptación continua.

El organismo cambia constantemente en respuesta a estímulos físicos, emocionales, metabólicos, endocrinos o ambientales. Por tanto, el sistema postural también debe adaptarse de forma permanente.

La verdadera salud postural no depende de mantener una posición inmóvil durante horas, sino de disponer de un sistema capaz de variar, compensar y reorganizarse eficazmente.

En otras palabras: la postura saludable es aquella que permite movimiento y adaptación.

La mecánica de la alineación corporal

Cuando estamos de pie, el cuerpo intenta equilibrar dos fuerzas:

  • La fuerza de la gravedad.
  • La capacidad del organismo para responder a ella.

La línea de gravedad es una proyección imaginaria que atraviesa nuestro centro de masas, situado aproximadamente a la altura de la segunda vértebra sacra, aunque puede variar ligeramente entre individuos.

Para optimizar el reparto de cargas y respetar los principios de economía y confort, la columna vertebral presenta curvas fisiológicas armónicas:

 

  • Lordosis cervical.
  • Cifosis dorsal.
  • Lordosis lumbar.
  • Cifosis sacra.

Esta alternancia entre lordosis y cifosis permite distribuir tensiones y absorber fuerzas de manera eficiente.

Entre estas curvas encontramos las charnelas, zonas de transición entre regiones con diferente movilidad que actúan como auténticos reguladores mecánicos.

Además, el cuerpo cuenta con estructuras fundamentales para la gestión de presiones internas: los diafragmas orofaríngeo, torácico y pélvico.

Estos diafragmas reciben, regulan y transmiten presiones entre los distintos compartimentos corporales:

  • Región craneocervical.
  • Tórax.
  • Abdomen.
  • Miembros inferiores.

Gracias a ello se favorece una correcta nutrición vascular y neurológica de los tejidos.

Desde un punto de vista biomecánico, cuanto más eficiente sea esta organización, menor será el gasto energético y mayor la sensación de confort.

La postura no es el objetivo: es la base del movimiento

 

Es importante comprender que la postura no constituye un fin en sí mismo.

La alineación corporal representa la plataforma desde la que ocurre el movimiento.

Cada gesto requiere una adaptación constante y automática del tono muscular para mantener el equilibrio antes, durante y después de la acción. Para ello, el sistema nervioso necesita un mecanismo de control postural eficaz basado en tres elementos fundamentales:

  1. Tono postural adecuado.
  2. Inervación recíproca eficiente.
  3. Reacciones posturales automáticas.
  1. Tono postural adecuado

El tono postural es el grado de tensión muscular necesario para mantenernos erguidos frente a la gravedad sin impedir el movimiento.

Debe ser suficientemente alto para proporcionar estabilidad y suficientemente bajo para permitir movilidad.

Por eso, las regiones proximales —como las cinturas escapular y pélvica— presentan un tono mayor, ya que actúan como centros de estabilidad.

Las regiones distales —extremidades superiores e inferiores— requieren menor tono para facilitar precisión y movimiento.

El papel fundamental del pie

El pie merece una mención especial.

Durante la marcha combina dos funciones aparentemente opuestas:

  • Función de amortiguación: gracias a la elasticidad y adaptabilidad de sus arcos durante la fase de apoyo.
  • Función de palanca rígida: durante el despegue, cuando la dorsiflexión de los dedos tensa la fascia plantar y estabiliza las articulaciones.

Por ello, aunque anatómicamente sea una estructura distal, funcionalmente participa de manera decisiva en el control postural.

  1. Inervación recíproca eficiente

La postura depende de una coordinación precisa entre músculos agonistas, antagonistas y sinergistas.

Este equilibrio entre activación y relajación muscular permite combinar estabilidad y movimiento sin generar tensiones innecesarias.

Cuando esta coordinación se altera, el cuerpo desarrolla patrones compensatorios que pueden traducirse en rigidez, sobrecarga o dolor.

  1. Reacciones posturales automáticas

Son respuestas automáticas del sistema nervioso frente a la gravedad y a las alteraciones del equilibrio.

Permiten:

  • Mantener la alineación de cabeza, tronco y extremidades.
  • Recuperar el equilibrio tras una perturbación.
  • Ajustar continuamente el cuerpo al entorno.

En definitiva, garantizan nuestra capacidad de sostenernos y movernos con seguridad.

 

“La mejor postura es la siguiente”… ¿del todo cierto?

 

En los últimos años se ha popularizado la frase:

“La mejor postura es la siguiente”.

Aunque esta idea tiene parte de verdad —porque el cuerpo necesita variabilidad y movimiento—, resulta incompleta si se interpreta como que cualquier alineación corporal es igualmente eficiente y responde a la interpretación de la postura como algo estático.

La movilidad es imprescindible, pero para que exista un movimiento bien organizado también necesitamos una base postural funcional.

No se trata de mantener una postura rígida y perfecta, sino de conservar una alineación suficientemente eficiente que permita:

  • Un tono postural adecuado.
  • Buena movilidad articular.
  • Correcta transmisión de fuerzas.
  • Economía energética.
  • Adaptabilidad.

Es decir:  POSTURA= ALINEACIÓN

La postura también refleja nuestra biografía

 

La postura no depende únicamente de la biomecánica.

Cada persona desarrolla una organización corporal propia influida por:

  1. Factores fisiológicos y bioquímicos

El organismo modifica constantemente la alineación corporal en respuesta a necesidades internas.

Por ejemplo:

  • Durante el embarazo aumenta la lordosis lumbar para adaptarse al crecimiento fetal.
  • En patologías digestivas dolorosas, como la enfermedad de Crohn, es frecuente adoptar posturas en flexión como mecanismo de protección.
  1. Autopercepción y experiencia emocional

La postura también expresa cómo nos sentimos y cómo afrontamos el entorno.

Una persona con sintomatología depresiva puede presentar una actitud de flexión, hombros adelantados y mirada baja, mientras que alguien con una personalidad más expansiva suele tolerar posiciones de mayor apertura.

El cuerpo no solo refleja emociones: también participa activamente en ellas.

  1. La información sensorial

El sistema nervioso organiza el tono postural a partir de la información recibida por nuestros sentidos.

Y no hablamos únicamente de cinco.


Los siete sentidos y la postura


Exterocepción

Incluye tacto, vista, oído, gusto y olfato.

Estos sentidos informan al cerebro sobre lo que ocurre en el exterior y permiten ajustar el movimiento y el equilibrio.

Un ejemplo clásico es el de una persona con pérdida de sensibilidad en los pies. Aunque conserve capacidad motora, necesitará depender más de la vista para mantener la estabilidad.

Como consecuencia, el sistema nervioso aumentará el tono de regiones estabilizadoras —como la cintura escapular y pélvica— generando mayor rigidez y gasto energético.

Interocepción

La interocepción recoge información procedente del interior del organismo: respiración, frecuencia cardíaca, actividad digestiva o estado visceral.

Para el sistema nervioso esta información es prioritaria porque está directamente relacionada con la supervivencia.

Por eso, alteraciones internas pueden modificar claramente la postura. Un ejemplo frecuente son los cambios en la alineación lumbopélvica asociados a disfunciones del ciclo menstrual.

Trabajar la postura también implica favorecer la homeostasis del medio interno.

Propiocepción

La propiocepción informa al cerebro sobre:

  • Posición articular.
  • Tensión muscular.
  • Movimiento.
  • Sensación corporal.

Gracias a ella podemos saber dónde está nuestro cuerpo sin necesidad de mirarlo.

Toda esta información sensorial llega al sistema nervioso, que la interpreta según la historia, experiencias y aprendizajes de cada individuo.

La respuesta resultante puede ser física, hormonal, metabólica o emocional.

La suma de todas estas respuestas es lo que finalmente observamos como postura.

La postura influye en cómo nos sentimos


La relación entre cuerpo y sistema nervioso es bidireccional.

No solo nuestras emociones modifican la postura: también podemos utilizar la alineación y el movimiento para influir sobre procesos fisiológicos, percepción corporal e incluso regulación emocional.

A través del movimiento y de determinados estímulos mecánicos podemos:

  • Mejorar la propiocepción.
  • Optimizar la interocepción.
  • Modificar patrones de tensión.
  • Favorecer adaptaciones del sistema nervioso.

Por eso, la fisioterapia moderna entiende la postura como un fenómeno complejo donde biomecánica, sistema nervioso, emociones y entorno están profundamente conectados.

En definitiva: movimiento

La postura no es una posición perfecta que debamos mantener inmóviles.

Es una organización dinámica del cuerpo que emerge de la interacción entre mecánica, sistema nervioso, emociones, percepción y adaptación.

Existe una alineación biomecánicamente más eficiente, sí, pero su verdadero valor no está en permanecer quietos dentro de ella, sino en permitirnos movernos con libertad, economía y capacidad de adaptación.

Porque, al final, la postura no es inmovilidad.

La postura es movimiento.

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María Gomá

No creo en soluciones universales, sino en tratamientos y herramientas que se ajusten exactamente a ti.

Dirijo el centro de fisioterapia : Fisioterapia María Gomá en Alagón, Zaragoza. Donde realizamos tratamientos en los siguientes campos: neurología, traumatología, reumatología, nutrición, deporte.

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