Los distintos diagnósticos del sistema musculoesquelético forman parte del día a día en las consultas de médicos y fisioterapeutas.
Hablamos de osteoporosis u osteopenia a nivel óseo; sarcopenia, contracturas o roturas fibrilares en el plano muscular; artrosis o artritis en las articulaciones; tendinitis o tendinosis en los tendones; y esguinces o distensiones en los ligamentos.
Es evidente que cada una de estas patologías requiere abordajes terapéuticos específicos. Sin embargo, todas estas estructuras comparten una característica fundamental: están formadas por el mismo tipo de tejido, el tejido conectivo.
El tejido conectivo: el gran sostén del cuerpo
El tejido conectivo es el encargado de sostener, unir, estructurar y proteger. Actúa como un auténtico “pegamento celular” que da forma y cohesión a nuestro organismo. Está compuesto por:
- Células (fibroblastos, macrófagos, etc.).
- Sustancia fundamental, una matriz viscosa formada por proteoglicanos.
- Fibras de colágeno, responsables de la resistencia y elasticidad.
Desde este análisis sencillo, podemos deducir que, ante cualquiera de los diagnósticos mencionados, cuidar el tejido conectivo que sostiene la estructura lesionada es clave para favorecer su reparación.
La importancia de la hidratación
La sustancia fundamental está formada principalmente por agua, proteoglicanos y glicoproteínas de adhesión. Quedémonos con lo esencial: el agua.
La hidratación es la primera herramienta a tener en cuenta en cualquier lesión. Una matriz bien hidratada permite que las fibras se formen, se deslicen y se contraigan correctamente.
El riñón regula el equilibrio hídrico y mineral del organismo y avisa al cerebro cuando necesita agua. Si en ese momento calmamos la sed con café, té (diuréticos), zumos o refrescos, el cerebro interpreta que la necesidad ha sido satisfecha, aunque ni los riñones ni el tejido conectivo hayan recibido el agua y los minerales necesarios.
Esta falsa hidratación favorece la degradación del tejido, la aparición de lesiones y su cronificación.
Movimiento: imprescindible para la reparación
Los proteoglicanos —como el ácido hialurónico o el condroitín sulfato— necesitan movimiento para sintetizarse. Por este motivo, independientemente del tipo de lesión, el reposo absoluto rara vez favorece la recuperación.
El tejido conectivo se adapta y se regenera cuando se mueve.
El colágeno: la proteína estructural por excelencia
Aproximadamente el 17 % de los tejidos del cuerpo está formado por proteínas, y el colágeno representa cerca del 30 % de todas las proteínas corporales, siendo la más abundante.
Existen al menos 16 tipos diferentes, aunque alrededor del 90 % corresponde a los tipos I, II y III (o combinaciones de ellos). Se encuentra en la piel, uñas, huesos, cartílagos, tendones, músculos, vasos sanguíneos, discos vertebrales y órganos internos.
La producción de colágeno comienza a disminuir entre los 25 y 30 años, y a los 40 puede haberse reducido hasta en un 25 %. Por ello, cobra especial importancia:
- Asegurar su aporte a través de la alimentación.
- Evitar factores que aceleren su degradación, como tóxicos, estrés crónico o inflamación de bajo grado.
Entre las fuentes más accesibles destacan el caldo de huesos, las vísceras y la piel de pollo o pescado de calidad, además de la suplementación cuando esté indicada.
- Pollo y pavo aportan colágeno tipo II, esencial para las articulaciones.
- Ternera y cordero aportan colágeno tipo I y III, fundamentales para la estructura general.
- Pescados (aletas y escamas) aportan principalmente colágeno tipo I.
Para optimizar su síntesis es imprescindible también el aporte de vitamina C, cobre, zinc y manganeso, así como un estilo de vida que equilibre desgaste y reparación, modulando adecuadamente el sistema nervioso autónomo.
Irrigación, vísceras y lesiones
Cualquier estructura del sistema musculoesquelético puede lesionarse por una falta de irrigación, a menudo secundaria a un problema visceral. Una víscera en disfunción genera vasoconstricción en su metámera, disminuyendo el riego sanguíneo del músculo, tendón o articulación con el que comparte inervación.
Un ejemplo clásico es la relación entre el hígado y el tendón del supraespinoso derecho. En estos casos, además de nutrientes y movimiento, es fundamental optimizar la función visceral.
El papel clave de los minerales
En la mayoría de los procesos patológicos existe un componente de acidosis. Los proteoglicanos poseen cargas negativas que atraen agua y mantienen separadas las fibras de colágeno. Cuando hay déficit hídrico y exceso de protones (H⁺), estos se unen a los proteoglicanos, reduciendo la distancia entre fibras, empeorando el movimiento y aumentando el riesgo de lesión.
El organismo intenta compensar esta acidez mediante sistemas tampón: riñones, pulmones, extracción de calcio del hueso o de magnesio y glutamina del músculo e intestino.
Por ello, asegurar un buen aporte de minerales, tanto a través de agua mineralizada (si no hay contraindicación) como de la dieta, y adoptar hábitos que no los secuestren, resulta fundamental en las patologías más frecuentes que vemos en consulta.
Bibliografía:
- Axe J. La dieta del colágeno: un plan de 28 días para perder peso, conseguir una piel radiante, mejorar la digestión y mantenerse joven. Barcelona: Zenith; 2021. ISBN: 978-84-08-24497-4.
- Regenera Health. Tipos de colágeno: beneficios, funciones y cómo mejorar su absorción [Internet]. Regenera Health; s.f. [citado 15 Dic 2025]. Disponible en: https://regenerahealth.com/blog/tipos-de-colageno-beneficios/



2 respuestas
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