SISTEMA NERVIOSO AUTÓNOMO Y DOLOR CRÓNICO

SISTEMA NERVIOSO
En fisioterapia solemos centrarnos en músculos, articulaciones o tendones. Sin embargo, existe un sistema que influye de forma decisiva en el dolor, la inflamación, la fatiga y la capacidad de recuperación: el sistema nervioso autónomo.
Nuestro organismo está en constante diálogo con el entorno. Recibe estímulos externos —como el frío, el movimiento o una lesión— e internos —como el hambre, la tensión muscular o la inflamación—. Toda esa información se procesa en el sistema nervioso, que genera respuestas tanto voluntarias como automáticas. Las voluntarias nos permiten movernos; las automáticas garantizan nuestra supervivencia.
El sistema nervioso se divide en sistema nervioso central (formado por el encéfalo y la médula espinal) y sistema nervioso periférico (compuesto por nervios y ganglios que conectan el sistema central con el resto del cuerpo). Dentro de esta compleja red se encuentra el sistema nervioso autónomo (SNA), encargado de regular todas las funciones involuntarias del organismo.

El equilibrio entre activación y recuperación

El sistema nervioso autónomo actúa como un sistema de ajuste fino que se adapta continuamente a las demandas del entorno. Regula la frecuencia cardiaca, la respiración, la digestión, la función sexual y la respuesta al estrés. Su funcionamiento se basa en el equilibrio dinámico entre dos ramas complementarias.
La rama simpática es la responsable de la activación. Es el conocido sistema de “lucha o huida”. Se activa cuando necesitamos reaccionar ante una amenaza, realizar un esfuerzo intenso o enfrentarnos a una situación exigente. Aumenta la frecuencia cardiaca, eleva la presión arterial y moviliza energía. En situaciones agudas es imprescindible para nuestra supervivencia.
La rama parasimpática, por el contrario, favorece el descanso, la digestión y la recuperación. Disminuye la frecuencia cardiaca, facilita los procesos reparativos y promueve un estado de calma fisiológica. Aquí desempeña un papel fundamental el nervio vago, una estructura clave en la comunicación entre cerebro, corazón e intestino, y en la regulación del estado emocional.
La salud no consiste en estar siempre relajados ni siempre activados. Consiste en poder alternar adecuadamente entre ambos estados y regresar al equilibrio cuando la situación lo requiere.

La salud es un don tan efímero y frágil como el futuro de una leve libélula en vuelo al sol.

Dolor y sistema nervioso: una relación inseparable

Cuando sufrimos una lesión —una fractura, un esguince o un golpe— el estímulo doloroso asciende hacia el cerebro. Allí no solo se interpreta la señal, sino que también se activan mecanismos internos de modulación del dolor, lo que podríamos llamar nuestra “farmacia interna”. En ese proceso intervienen sustancias como la adrenalina, la noradrenalina y el cortisol, que en condiciones normales ayudan a controlar la inflamación y el dolor.
El problema surge cuando el sistema permanece activado durante demasiado tiempo. Si el dolor se cronifica o el estrés se mantiene de forma constante, la red de regulación pierde eficacia. Se produce un desequilibrio: el sistema simpático domina, disminuye la capacidad analgésica natural y aumenta la sensibilidad al dolor. Además, pueden aparecer fatiga persistente, dificultades de concentración, alteraciones del sueño…
En estos casos, el abordaje fisioterapéutico no puede centrarse únicamente en el tejido lesionado. Es necesario considerar el estado global del sistema nervioso y su capacidad de adaptación.

El papel del hipotálamo y la homeostasis

En el centro de esta regulación se encuentra el hipotálamo, una pequeña estructura cerebral encargada de supervisar el equilibrio interno del organismo. Mide variables como la temperatura corporal, la frecuencia cardiaca, la sed, el hambre o la tensión muscular, e integra información relacionada con las emociones y el dolor.
Para mantener la homeostasis —el equilibrio interno— el hipotálamo actúa a través del sistema nervioso autónomo y del sistema endocrino, regulando la liberación de hormonas. En condiciones naturales, el ser humano estaba expuesto a cambios constantes: frío, calor, esfuerzo físico, escasez de alimento. Estos desafíos favorecían una regulación dinámica.
En la actualidad, aunque las exigencias físicas han disminuido, la activación emocional es continua. Vivimos en un estado de alerta sostenido, pero sin los ciclos naturales de recuperación adecuados. Esta situación puede alterar la regulación hipotalámica y favorecer síntomas como fatiga, insomnio, irritabilidad o menor tolerancia al dolor.

La variabilidad de la frecuencia cardiaca: reflejo de la capacidad de adaptación

Una herramienta interesante para evaluar el estado del sistema nervioso autónomo es la variabilidad de la frecuencia cardiaca (VFC o HRV). Esta medida analiza las pequeñas variaciones en el tiempo entre un latido y el siguiente.
Lejos de lo que podría parecer, un corazón saludable no late de forma perfectamente regular. La variabilidad refleja flexibilidad y capacidad de adaptación. Una buena VFC suele asociarse a mayor equilibrio entre las ramas simpática y parasimpática, mejor recuperación y mayor resiliencia frente al estrés.

La respiración como herramienta terapéutica

El ritmo cardiaco y la respiración están íntimamente conectados. Al inhalar, la frecuencia cardiaca se acelera ligeramente; al exhalar, disminuye. Este fenómeno, conocido como arritmia sinusal, refleja la interacción entre ambas ramas del sistema nervioso autónomo.
Por eso, la respiración es una herramienta terapéutica de enorme valor en fisioterapia. Respiraciones con exhalaciones largas favorecen la activación parasimpática y la relajación. Por el contrario, respiraciones más dinámicas o el ejercicio físico de intensidad media-alta pueden estimular el sistema simpático cuando necesitamos activación.
Integrar estrategias respiratorias, movimiento consciente, actividad física adecuada y regulación del estrés permite mejorar no solo la percepción del dolor, sino también la capacidad de recuperación.

Una visión integral de la salud

El dolor no depende únicamente del estado del tejido. Está influido por el nivel de activación del sistema nervioso, la calidad del sueño, el contexto emocional y la capacidad de adaptación al entorno.
Entender y trabajar el sistema nervioso autónomo nos permite ampliar la mirada clínica y ofrecer un abordaje más completo. La salud puede entenderse como la capacidad de volver al equilibrio tras cada desafío. Y en ese proceso, el sistema nervioso autónomo es el gran director de orquesta.
En fisioterapia, acompañar al paciente significa ayudarle a recuperar esa capacidad de regulación. Porque cuando el sistema vuelve a adaptarse, el cuerpo encuentra mejores condiciones para sanar.

La salud está sostenida por el equilibrio de las potencias: lo húmedo y lo seco, lo frío y lo cálido, lo amargo y lo dulce, y las demás. El predominio de una de las dos es pernicioso

Compartir:

Imagen de María Gomá

María Gomá

No creo en soluciones universales, sino en tratamientos y herramientas que se ajusten exactamente a ti.

Dirijo el centro de fisioterapia : Fisioterapia María Gomá en Alagón, Zaragoza. Donde realizamos tratamientos en los siguientes campos: neurología, traumatología, reumatología, nutrición, deporte.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *