Nariz y boca son dos posibles puertas de entrada del aire hacia los pulmones. Sin embargo, no cumplen la misma función.
La boca, aunque hoy en día se utiliza con frecuencia para respirar, no está diseñada para ello. No filtra, no humidifica ni calienta el aire. Aun así, cuando queremos respirar más rápido o sentimos que necesitamos más aire, suele convertirse en la vía principal. El problema es que el aire entra sin resistencia, sin ejercer presión sobre las estructuras óseas del cráneo y la mandíbula. Este patrón respiratorio se relaciona con algunos de los grandes problemas de nuestra sociedad actual: dientes apiñados, mandíbulas estrechas o retraídas, cabeza adelantada, cefaleas y descanso no reparador.
La nariz, en cambio, está perfectamente diseñada para respirar. En su interior, los cornetes crean un relieve lleno de pliegues que ofrece resistencia al paso del aire. Este empuje contribuye al correcto desarrollo de la mandíbula y del rostro. Además, toda la cavidad nasal está recubierta por una mucosa húmeda y caliente que filtra, humidifica y eleva la temperatura del aire, creando un entorno ideal para la entrada de oxígeno en los pulmones.
Mantener una temperatura adecuada permite que las células del sistema inmunitario nasal actúen de forma más eficaz frente a microorganismos. A esto se suma la lisozima, una enzima antibacteriana presente en el moco nasal que refuerza nuestra defensa natural. El resultado: mejor oxigenación, mejor funcionamiento del organismo y mayor rendimiento físico.
“Noses are for breathing, mouths are for eating"
— Patrick Mckeown, The oxygen advantage
Entonces...¿nunca debo respirar por la boca?
No se trata de ser rígidos. En algunas prácticas respiratorias se inspira por la nariz y se exhala por la boca, y durante el ejercicio físico intenso, cuando se necesita un mayor caudal de aire, la respiración bucal se vuelve inevitable.
Nada puntual va a estropear el trabajo que realizas el resto del día. El objetivo es claro: procura respirar por la nariz la mayor parte del tiempo.
Incluso durante el ejercicio físico, entrenar progresivamente la respiración nasal puede mejorar tu capacidad cardiorrespiratoria y tu tolerancia al esfuerzo.
La respiración y el sistema nervioso
“La respiración es tu aliento y tu medicamento"
— Aristóteles
La nariz posee neuroreceptores que envían señales de calma al cerebro. De hecho, cuando estamos estresados o percibimos peligro, la respiración se vuelve bucal. Cada vez que respiramos por la boca, enviamos mensajes de alerta a nuestro sistema nervioso.
Aquí entra en juego el sistema nervioso autónomo, encargado de regular funciones involuntarias del organismo. Está formado por dos ramas que deberían mantenerse en equilibrio:
- Sistema nervioso simpático: lucha o huida, respiración torácica y rápida, estimulación.
- Sistema nervioso parasimpático: descanso y digestión, respiración lenta y diafragmática, relajación.
La respiración es la llave para modular el sistema nervioso.
Dos fosas nasales, dos ritmos
Dos ramas del sistema nervioso autónomo, dos fosas nasales. No es casualidad.
En 1895, el doctor Kayser descubrió que el flujo de aire no es igual en ambas fosas nasales y que este patrón va alternando de forma natural. Esto es posible gracias a un tejido eréctil similar al de la zona genital. Cuando una fosa trabaja aproximadamente al 80 %, la otra lo hace al 20 %, permitiendo que la mucosa se recupere y mantenga su funcionalidad.
Se ha observado que cuando predomina la fosa nasal derecha, aumenta ligeramente el consumo de oxígeno y los niveles de glucosa en sangre. En 1994 se demostró que este predominio activa más el hemisferio cerebral izquierdo, asociado al sistema nervioso simpático.
Por el contrario, la fosa nasal izquierda se relaciona con el hemisferio derecho y el sistema nervioso parasimpático.
Estos cambios se producen de forma automática cada 2 o 3 horas, siempre que respetemos nuestros ritmos fisiológicos. En un estilo de vida acelerado, esto no siempre ocurre. Por eso, practicar respiración alterna de forma consciente puede ayudar a regular el sistema nervioso autónomo.
👉 En el siguiente vídeo te muestro cómo practicarla.
Respirar por la nariz es entrenar el cerebro
La nariz guarda muchos misterios, y uno de los más estudiados es el del olfato. A diferencia del resto de los sentidos, los estímulos olfativos no pasan por el tálamo, sino que llegan directamente a las áreas cerebrales relacionadas con las emociones, los recuerdos y el aprendizaje.
Entrenar tu respiración nasal es entrenar tu cerebro.
Además, la nariz actúa como reservorio de óxido nítrico, una molécula clave para la salud cardiovascular. En 1998, Furchgott, Ignarro y Murad recibieron el Premio Nobel por demostrar su papel en la regulación del flujo sanguíneo, la neurotransmisión, la inmunidad y la homeostasis. El óxido nítrico ayuda a mantener la presión arterial, regular el colesterol, conservar la elasticidad de los vasos sanguíneos y también juega un papel importante en la función sexual y la libido.
“Could it be that nose breathers have more desire and a better sex life than mouth breathers?”
— Patrick McKeown
Pasar a la acción: cerrar la boca
Entendido todo esto, solo queda lo más importante: actuar.
- Sé consciente durante el día de usar la nariz para respirar.
- Realiza lavados nasales para mantenerla despejada (el agua de mar de marcas como Quinton es una buena opción).
- Usa cinta bucal por la noche si tiendes a respirar por la boca: mejorarás el descanso y tus niveles de energía.
- Para el ejercicio físico o prácticas respiratorias, las tiras nasales facilitan la entrada de aire (Gudslip ofrece opciones de calidad).
- Practica respiración alterna: entrenas tus fosas nasales y regulas tu sistema nervioso.
“Otro mundo no solo es posible, sino que está en camino. En un día tranquilo, puedo oír su respiración”
— Arundhati Roy


